jueves, 15 de noviembre de 2012

Café con leche y miel


Miró con atención la cuchara de madera. La miel se deslizaba por ella lentamente, cayendo poco a poco en el humeante vaso.

Recuerda la primera vez que supo que el café con leche y miel sería su bebida favorita. Ambas habían leído el mismo libro, habían reído en los mismos pasajes y amado las mismas líneas. Comentaron emocionadas el final, discutieron qué era bueno y qué no era tan bueno. Se enamoraron a la vez de las mismas palabras. Se abrazaron muertas de risas cuando decidieron que ellas serían hermanas también, como en el cuento. El suyo podría ser el número catorce, ese número tan especial. ¡Había habido tantos catorces inolvidables! Porque los recuerdos de una eran los recuerdos de la otra, los catorces de una eran los catorces de la otra, las lágrimas de una eran la media naranja de las de la otra. 

"Mi hermanita de leche y miel", le dijo por primera vez mientras la miraba sonriente. "Mi hermanita de café con leche" respondió emocionada antes de abrazarla. Una taza de leche endulzada con la miel de una, intensa con el café de la otra. Una taza de leche perfecta. 

La miel de la cuchara sigue cayendo en el humeante tazón, acumulándose en el fondo, sedimentando la certeza de un vínculo que va más allá de lo explicable, que sólo puede sentirse, como el sabor de la miel o el aroma del café. 

Sonríe con ternura mientras escucha la preciosa aria que está cantando en la habitación de al lado su otra mitad de café, y le agradece internamente. Le agradece sus abrazos, su tesón, sus lágrimas, sus sonrisas. Le agradece su voz, su risa, sus palabras. Le agradece que esté allí, junto a ella, entendiéndola con la mirada, cogiéndole la mano, diciéndole sin decir que siempre podrá confiar en ella. 

Le agradece que sea su hermana, su taza de café, su mitad en una combinación perfecta que ahora, y desde aquella tarde de risas y confesiones, sabe a Siempre. 

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Dedicado a una de las personas más importantes en mi vida. Espero que tanto a ella como a quienes hayáis llegado hasta aquí os haya gustado. 
Muchísimas gracias por las visitas y sobre todo por los comentarios. Nos vemos pronto ;)

martes, 6 de noviembre de 2012

La casa de chocolate


El crepitar del fuego es el único sonido de la habitación. El aroma de la leña quemada se mezcla con el del chocolate recién hecho, como si lo que se está quemando fueran troncos de cacao. Cierra los ojos y recuesta la cabeza en el sillón. Afuera, el viento aúlla con fiereza y golpea las ventanas agresivamente, queriendo adentrarse en esos cálidos hogares, buscando un poco del calor que desprenden. Pero no puede. El viento sigue siendo frío, rápido y estremecedor. Nadie le deja pasar, nadie le permite unos minutos al lado de una chimenea encendida, y por ello debe seguir buscando, con fiereza, agresivamente, desesperadamente.

Tampoco hoy podrá adentrarse en el hogar donde se queman troncos de chocolate. Desde allí, la oscuridad del cielo parece un poco más clara, adornada por esos pequeños puntitos brillantes que se cayeron de algún bote de purpurina. El calor del fuego parece avanzar lentamente con cada respiración, envolviéndole con cuidado, poco a poco, adormeciéndole con ternura. Se adentra en su duermevela tranquilo y lo transporta a un mundo de brisas que le suspiran de amor a la lumbre, un mundo de árboles rellenos de almendra con virutas de chocolate, de despertares y sueños unidos en uno y de botes de purpurina esparcidos descuidadamente en derredor.

Afuera, el viento sigue aúllando, cantándole su soledad a otra alma solitaria que observa la noche desde las alturas, rodeados ambos de pequeños puntos de luz, unos resultado de un bote de purpurina que cayó, otros como adorno final de unos árboles que en algún lugar, en un sueño lejano, siguen siendo de chocolate.


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Nunca olvidemos esas pequeñas ilusiones que hacen que nuestras vidas sean un poquito más luminosas ;)
Gracias por leerme :)


lunes, 29 de octubre de 2012

Gracias




La música avanza suave, deteniéndose en cada rincón, en cada mota de polvo, en cada puerta entreabierta. Invadiendo los silencios egoístamente, sin preguntar si es bienvenida. Los do re mis del piano, los agudos de las flautas y los delicados acordes de los violines se entrelazan, bailan con su sueño y le acarician los cabellos dulcemente. Se introducen en su fantasía y la llenan de color, de primavera, de aromas frutales y de risas en clave de sol.

Poco a poco va despertando, tentada por esa melodía ya de sobras conocida. Se levanta con parsimonia y, sin mucho cuidado, se calza las alpargatas viejas a las que tanto cariño tiene. Medio dormida, la realidad y la fantasía juguetean con ella, la adormecen, la despiertan, le cuentan historias y le tiran de las orejas. Sus pasos la guían instintivamente hacia el origen de todo, y sonríe, aún medio dormida. La luz del Sol la saluda divertida a través de las ventanas, y una brisa fresca se cuela por el balcón ligeramente abierto, trayendo consigo el canturreo feliz y alegre que desea escuchar cada mañana. Se detiene un instante y cierra los ojos, dejándose envolver por ese instante mágico y feliz. No hay preocupaciones, no hay remordimientos. Sólo paz, música y paz.

Y entonces el canturreo se detiene, pero la música y la brisa siguen sonando. Abre los ojos, demasiado relajada como para preocuparse de verdad, y la sonrisa más bella que jamás le dedicarán aparece ante sus ojos. “¿Cómo has dormido, cariño?” Sonríe con ella. “Bien, muy bien”. Y la abraza con fuerza. Y no lo dice, pero la sigue abrazando, le toma la mano, ríe con ella y le propone desayunar juntas esas pastas tan ricas que compraron ayer. No lo dice, pero sabe que sus sonrisas son el reflejo de la otra, que sus abrazos son el gemelo del otro, que mientras ella esté ahí, siempre quedará la magia de la música. No lo dice, pero lo piensa, lo muestra, la ama.


No lo dice, mamá, pero gracias.

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Un pequeñísimo homenaje a todas esas madres a las que tanto queremos y tan pocas veces agradecemos que estén siempre ahí.
¡Muchas gracias por las visitas y los comentarios! 
Espero que este relato os haya gustado también ;)
¡Nos vemos pronto!

viernes, 26 de octubre de 2012

Y, sin embargo, se mueve... (Parte I)


Las manecillas del reloj marcaban imperceptiblemente el paso del presente al futuro, del futuro al pasado. No se escuchaba nada más que aquellos pequeños avances, esas pequeñas victorias que se sucedían segundo a segundo. Siguió con sus ojos el movimiento de las agujas, aparentemente interesada, y entonces su mente empezó a viajar al pasado que durante un momento fue futuro, y durante un instante aún más efímero fue presente. ¿Por qué no fue consciente entonces de lo fácil que era todo? ¿Por qué no aprovechó hasta el último movimiento de cada vuelta de la manecilla del reloj? ¿Cuándo olvidó lo fugaz de lo eterno? Las fotografías desparramadas en el suelo a su alrededor parecen darle la respuesta. Los rostros felices que le devuelven la mirada parecen burlarse de su descuido, al igual que esa niña que ahora ya no es, que ahora ya no está permanentemente acompañada por su muñeca azul y que ya no adora ponerse los tacones de su madre. Tampoco la adolescente malhumorada muestra tener compasión por ella, y la mira con altivez y desprecio. "Estúpida boba", parece decirle. 

Recuerda la última vez que estuvo sentada en ese lugar haciendo exactamente lo mismo, recordando lo olvidado. Entonces ella estaba acompañada, y las manecillas del reloj, una vez más, estaban detenidas en un presente pasado futuro entrelazado. Pero ahora está sola, lamentado haber creído en la mentira de lo sempiterno, en el espejismo de un reloj detenido cuyo suave martilleo le susurra con voz dulce que, aunque no lo quiera, aunque le atormente, el tiempo, sin embargo, se mueve. 

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Después de mucho, mucho tiempo, me he dado cuenta de que necesito seguir escribiendo... y qué mejor que empezar hablando del propio tiempo ;) Hace mucho que se me olvidó el hábito de escribir, así que supongo que al principio me costará, pero espero poder recuperarlo... sería genial si tan sólo una persona llegara a leer esto, y ya si recibo algún comentario estaré más que satisfecha! :) Gracias si has llegado hasta aquí.

Espero de verdad cumplir con mi objetivo de volver a emprender el blog... sólo el tiempo dirá ;)



martes, 24 de agosto de 2010

Con una sonrisa



El suave trinar de los pajarillos la despertó temprano esa mañana. Frunció las cejas, molesta, mientras se cubría los ojos con la almohada, impidiendo así que la luz del sol penetrase en sus pupilas. Pero los pajarillos seguían cantando. Cantaban y cantaban sin parar. Una suave melodía, alegre al principio, rápida a la mitad, triste y melancólica al final. Suspiró cansada, esa noche no había dormido prácticamente nada. Las pesadillas la asaltaban una y otra vez, como hacía años que no hacían. ¿Por qué ahora? ¿qué pasaba, se le había escapado algo? Dio la vuelta, remolona y bufó. Se estaba tan a gustito allí… y estaba tan cansada… aah… ¿por qué no-?

-¡Mamáaa! ¡Levanta! ¡Ya son las doce de la mañana! ¿qué haces tan perezosa? ¡es hora de ponerse en marcha!

Si se había quejado de la dulce melodía de los pajarillos, ahora se retractaba. Los gritos de su desconsiderada hija eran mucho peor. Desagradecida. ¿Que no sabía la de noches que no había podido dormir por su culpa? Que si dale el “bibe”, que si ahora tiene fiebre, que si ha tenido una pesadilla… así durante años y años, hasta que fue su hija quien ya no dormía por las noches. Y aún así, aún sabiendo lo pesado que era, se atrevía a despertarla tan alegremente… desconsiderada, desagradecida.

La hija entró con paso resuelto en la habitación y descorrió las cortinas. El sol de la mañana le dio directamente en los ojos y tuvo que cerrarlos de inmediato. ¿Estás loca? Le gritó. ¡Déjame dormir un poco más! La chica la miró con reprobación mientras la apuntaba con un plumero de esos de quitar el polvo. “No digas chorradas, mamá, te necesitamos. Sin ti no funcionamos, así que date prisa y levántate. En diez minutos te quiero en el comedor.” Y se fue. La mujer la miró aún con el ceño fruncido, pero esta vez una sutil sonrisa adornaba su envejecido rostro. “Déjame ser un poco niña aunque sea una vez” farfulló mientras se ponía en pie aún sonriendo.

Pero su hija no quería una niña a la que cuidar, quería una madre sabia con quien compartir aquellas noches en vela antaño solitarias. Y ella lo sabía, y le agradecía en silencio por ello. Frunciendo el ceño, refunfuñando por lo bajo, bufando exasperada, pero siempre, sutilmente, con una sonrisa.



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Un pequeño homenaje a esas abuelas que tanto nos quieren y a las que tanto queremos ;)
Muchísimas gracias a quienes me comentan, de verdad. Me anima a seguir escribiendo ^^

miércoles, 16 de junio de 2010

Aquella ciudad



Las farolas emitían una luz reflejada en las miles de diminutas gotitas que lloraba el cielo. A esas horas, el silencio inundaba como una neblina las ancestrales calles de la ciudad, y a lo lejos, las miles de lucecitas de los grandes edificios daban un toque de color a la noche.

El susurro del Sena cantaba su dulce nana a las solitarias almas que se habían aventurado a descubrir los misterios de una ciudad distinta. Distinta por la mañana, cuando los turistas, cámara en mano y llenos a rebosar de emoción, tomaban fotos de hasta los más ínfimos detalles. Distinta por la noche, en la que el silencio y la magia lo envolvían todo en un dulce abrazo. Distina para aquellos que viajaban solos y distinta para aquellos que lo hacían con sus seres queridos.

Distina para cada ojo, para cada oído y para cada pensamiento. Distinta cuando amanecía lluvioso, como hoy, distinta cuando el sol brillaba esplendoroso, como ayer.

La ciudad de las luces, la ciudad del misterio, la ciudad de las ciudades.

Una pareja caminaba de la mano al lado del río. Charlaban, reían, se querían. Se detuvieron un momento para darle unas monedas a un músico callejero que tocaba con pasión, sin apenas importarle que la funda de su guitarra estuviera medio llena, o medio vacía. Tocaba por vocación, porque le gustaba sentirse libre, porque quería a la música. La pareja siguió su camino y al poco se le acercó una familia. El padre jugaba con los dos niños a la pelota, mientras la madre y la hija mayor se hacían esas confidencias que sólo se le pueden hacer a una madre. Parecían felices, charlaban, reían, se querían.

La noche siguió su curso, la música continuó fluyendo. Cuando el astro rey ya despuntaba en el horizonte, el músico callejero acarició tiernamente su instrumento. No le importaba que la funda estuviera medio llena, o medio vacía. Amaba el sonido de su melodía fundiéndose con el del viento, amaba escuchar la respuesta del río a sus acordes, amaba las sonrisas agradecidas de aquellos que pasaban por su lado. Amaba su música, amaba su instrumento, amaba su ciudad.

Una ciudad distina; París, la ciudad del amor.




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Siento muchíiisimo no haber escrito en dos meses aún a pesar que dije que volvía!! lo siento tanto!! Pero he estado muy ocupada con los estudios y no tenía ni tiempo ni ánimos de escribir -.- Pero ahora ya he terminado, y espero poder recuperar todo este tiempo perdido. Esta mini-historia de hoy se la quiero dedicar a todos aquellos que me siguen leyendo, y en especial a Adolfo Payés y Adhanax Swan, que me comentaron en la entrada anterior. ¡Muchísimas gracias a ambos! ¡Vuestros comentarios me animaron mucho, gracias!

Sobre el cuento... bueno, mañana me voy a París de viaje de estudios, aunque ya fui el año pasado y me fascinó. Este cuento no ha sido sino una forma de plasmar mi amor por una ciudad mágica y fascinante, que dejó una profuna impresión en mí. 

¡Gracias a tod@s l@s que me habéis leído! Cuando vuelva del viaje (el lunes) intentaré ponerme al día con todos vuestro maravillosos blogs, ¡gracias!

martes, 6 de abril de 2010

La Sala del Piano



El sonido del piano inunda la sala y traspasa los ventanales cerrados. Afuera, el viento agita ferozmente la copa de los valientes pinos y el sonido de su grito asusta al más incauto de los animales.

Dentro, todo está en calma. El piano sigue sonando, las notas se cruzan, entrelazan, juguetean al son de una melodía al azar, improvisada, máxima expresión de la tristeza infinita que sacude al compositor. La angustia, el terror, el miedo se unen bajo un mismo pentagrama. Sus manos recorren tranquilas y resignadas el teclado, expresando su dolor, mezclando la nostalgia y los recuerdos, añorando un futuro que ya nunca será, lamentando el pasado que fue.

El piano sigue sonando, sus manos ahora son veloces, contundentes, furiosas. La melodía aumenta su intensidad, ahora el odio se transmite en cada sonido, en cada silencio. Odio a la injusticia de la vida, odio al egoísmo de un supuesto dios que se ha llevado su tesoro más preciado, odio a sí mismo por no poder odiarse.

El viento afuera parece solidarizarse con él. Las copas de los árboles se mueven peligrosamente, el grito se convierte en aullido, nadie osa salir de su hogar. Salvo una melodía furiosa, triste, nostálgica, improvisada, creada al azar.

El piano oculta sus sollozos, convierte sus gemidos en la más bella de las composiciones, sus maldiciones en preciosas armonías que bailan con el sol. El piano le olvida sus recuerdos, le transporta a su vida, a la vida. El piano suena consigo, el piano le canta una nana, os canta, te canta. El piano la trae de vuelta a su lado, el piano inmaculado que siempre sonaba. El piano, su piano, mi piano... tu piano.

Afuera, el viento ha terminado su tormenta. En la sala del piano, nunca acabará.



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He vuelto, y espero que para quedarme! Siento todos estos meses de desaparición... voy a intentar pasarme otra vez por todos los blogs que visitaba. Gracias a aquell@s que me han echado de menos!!


Espero que nos leamos pronto!